Mirarte con amabilidad no significa conformarte, hacerte pequeña ni justificarlo todo. Y tampoco significa repetir frases bonitas delante del espejo sin que haya un verdadero trabajo interior detrás.
MIRARTE CON AMABILIDAD
Aprende a reconocer tu valor, tratarte con respeto y ocupar tu lugar sin necesidad de compararte ni hacerte pequeña.
- ¿Cuántas veces has conseguido algo importante y, en lugar de reconocerlo, has pensado que tampoco era para tanto?
- ¿Cuántas veces has recibido un cumplido y lo has rechazado rápidamente?
- ¿O has dejado de expresar una opinión por miedo a parecer demasiado segura de ti misma?
A veces somos capaces de reconocer las cualidades de quienes nos rodean, animarles cuando dudan y recordarles todo lo que valen. Sin embargo, cuando se trata de nosotras, nuestra mirada puede volverse mucho más exigente.
Nos cuesta reconocer los logros, nos juzgamos por los errores y, en ocasiones, sentimos que tenemos que demostrar constantemente que somos suficientes… Pero ¿y si empezáramos a relacionarnos con nosotras mismas desde otro lugar?
Mirarte con amabilidad no significa pensar que todo lo haces bien ni convertirte en alguien que nunca se equivoca. Significa aprender a reconocer tu valor sin necesidad de ser perfecta, tratarte con respeto cuando las cosas no salen como esperabas y dejar de hacerte pequeña para encajar en las expectativas de los demás.
A lo largo de la vida construimos relaciones con muchas personas, pero existe una que nos acompaña en cada etapa, en cada decisión y en cada experiencia… la relación que mantenemos con nosotras mismas. Esa relación también se construye a través de nuestra conversación interna.
La manera en que interpretamos nuestros errores, valoramos nuestros logros y respondemos a nuestras dificultades influye en cómo nos percibimos y en cómo afrontamos los retos cotidianos.
Podemos ser comprensivas con los demás y, sin embargo, tratarnos con una dureza que nunca utilizaríamos con alguien a quien queremos.
Quizá te resulte familiar pensar que podrías haberlo hecho mejor, que todavía no es suficiente o que otras personas tienen más capacidades que tú.
Con el tiempo, esa forma de hablarnos puede convertirse en algo automático. Por eso, el primer paso para mejorar la relación contigo misma es empezar a observar cómo te tratas. No para juzgarte por ello, sino para descubrir si tu diálogo interno te acompaña o te mantiene constantemente bajo examen.
Reconocer nuestros errores es importante. Nos permite aprender, corregir decisiones y desarrollar nuevas habilidades.
El problema aparece cuando confundimos la responsabilidad con el castigo… No es lo mismo decirte «esto no ha salido como esperaba, ¿qué puedo aprender?» que repetirte «soy un desastre, nunca hago nada bien».
La primera forma de hablarte permite analizar una situación y buscar alternativas. La segunda convierte un error concreto en un juicio sobre toda tu persona.
La autocrítica excesiva puede alimentar sentimientos de culpa, inseguridad y frustración, y dificultar que afrontemos las dificultades con perspectiva… Aprender a tratarnos con amabilidad no significa dejar de reconocer aquello que necesitamos mejorar. Significa hacerlo sin descalificarnos por el camino.
Puedes responsabilizarte de tus decisiones y, al mismo tiempo, comprender que equivocarte forma parte del aprendizaje.
En psicología existe un concepto llamado autocompasión, que nos invita a relacionarnos con nuestras dificultades desde una actitud de comprensión y respeto.
La investigadora Kristin Neff ha desarrollado un modelo que reúne tres elementos fundamentales:
- Amabilidad hacia una misma: sustituir el juicio constante por una actitud más comprensiva cuando atravesamos momentos difíciles.
- Humanidad compartida: recordar que equivocarse, sentir inseguridad o experimentar dificultades forma parte de la experiencia humana. No somos las únicas que atravesamos momentos complicados.
- Atención consciente: observar nuestros pensamientos y emociones sin exagerarlos, negarlos ni identificarnos completamente con ellos.
La autocompasión no significa justificar cualquier comportamiento, evitar responsabilidades o renunciar a mejorar… Tampoco consiste en sentir lástima por una misma.
Se trata de reconocer que podemos necesitar apoyo, paciencia y comprensión, especialmente cuando las cosas no salen como esperábamos.
Porque crecer no debería exigirnos vivir en una lucha constante contra nosotras mismas.
Existe una diferencia importante entre reconocer nuestras capacidades y sentirnos superiores a los demás… La humildad no exige negar nuestros logros, esconder nuestras cualidades ni restar importancia a aquello que hemos conseguido. Sin embargo, muchas veces hemos aprendido a minimizar lo que hacemos.
Decimos que hemos tenido suerte cuando también ha habido esfuerzo. Atribuimos nuestros resultados a la ayuda de otras personas sin reconocer nuestra propia participación. Rechazamos los cumplidos porque nos cuesta aceptar que alguien vea algo valioso en nosotras.
Reconocer tu valor no significa compararte ni colocarte por encima de nadie.
Significa poder decir:
- Esto se me da bien.
- Estoy orgullosa de lo que he conseguido.
- Tengo capacidades que puedo desarrollar.
- Mi opinión también merece ser escuchada.
- No necesito disculparme por ocupar un espacio.
Puedes reconocer tus fortalezas sin dejar de aprender. Puedes sentir orgullo por tus logros sin menospreciar los de los demás.
No necesitas hacerte pequeña para que los demás se sientan grandes.
Mirarte con amabilidad también implica revisar el lugar que ocupas en tus relaciones y en tu vida cotidiana.
A veces, por evitar conflictos, decepcionar a alguien o no parecer egoístas, dejamos nuestras necesidades para el final… Aceptamos compromisos que no deseamos, nos cuesta decir que no, evitamos expresar desacuerdos o sentimos que debemos estar siempre disponibles. Pero respetarte también significa reconocer que tienes necesidades, preferencias y límites propios. Aprender a poner límites no es rechazar a los demás. Es comunicar qué necesitas y qué estás dispuesta a aceptar en una relación.
Puedes querer a alguien y no estar de acuerdo con esa persona. Puedes ayudar sin hacerte responsable de todo. Puedes decir que no sin tener que ofrecer una explicación interminable.
Ocupar tu espacio no significa invadir el de nadie… Significa comprender que el tuyo también importa.
Un ejercicio para aprender a mirarte con otros ojos
Vamos a dedicar unos minutos a reconocer aspectos de nosotras mismas que quizá damos por sentados o tendemos a minimizar.
Busca un momento tranquilo, coge papel y bolígrafo y responde con sinceridad. No necesitas escribir respuestas extraordinarias. Lo importante es que sean tuyas.
- Paso 1. Reconoce una cualidad: ¿Qué característica personal valoras de ti, aunque pocas veces la reconozcas?… Puede ser tu capacidad de escuchar, tu creatividad, tu constancia, tu sensibilidad, tu sentido del humor o tu manera de afrontar las dificultades.
- Paso 2. Dale valor a tus logros: Piensa en algo que hayas conseguido recientemente y que hayas restado importancia… ¿Qué esfuerzo, decisión o capacidad tuya ha contribuido a conseguirlo? Permítete reconocer tu participación sin quitarte mérito.
- Paso 3. Cambia tu conversación interna: Escribe una frase crítica que suelas repetirte cuando algo no sale como esperabas… Ahora imagina que una persona a la que quieres te contara exactamente lo mismo. ¿Le hablarías de esa manera? Escribe una respuesta más comprensiva, pero también realista.
- Paso 4. Reconoce tu espacio: ¿Qué necesidad, opinión o límite te está costando expresar?… Piensa en una pequeña acción que puedas realizar para respetarte un poco más esta semana. Al terminar, vuelve a leer tus respuestas.
No se trata de convencerte de que eres perfecta, sino de aprender a mirarte con más justicia.
Cómo cultivar una relación más amable contigo misma:
La relación que mantenemos con nosotras mismas se construye en pequeños gestos cotidianos.
Puedes empezar con acciones sencillas:
- Acepta los cumplidos: prueba a recibirlos sin justificarlos ni restarles importancia. Un simple «gracias» es suficiente.
- Reconoce tus avances: no esperes a conseguir grandes objetivos para valorar tu esfuerzo.
- Cuida tu diálogo interno: observa cómo te hablas cuando cometes un error y busca una manera más respetuosa de expresarte.
- Aprende a decir que no: tus necesidades también merecen un lugar en tu agenda.
- Deja de compararte constantemente: cada persona tiene circunstancias, capacidades y tiempos diferentes.
- Dedica tiempo a lo que te hace bien: descansar, disfrutar de tus aficiones y compartir momentos agradables también forman parte del autocuidado.
No necesitas transformar tu manera de pensar de un día para otro. Puedes empezar por reconocer una pequeña cosa que valores de ti y permitirte disfrutarla sin restarle importancia.
Un momento para reflexionar
- ¿Cómo me hablo cuando cometo un error?
- ¿Me resulta fácil reconocer mis cualidades y mis logros?
- ¿Suelo minimizar lo que consigo o rechazar los cumplidos?
- ¿En qué situaciones me cuesta expresar mis necesidades o poner límites?
- ¿Qué cambiaría en mi vida si dejara de sentir que tengo que demostrar constantemente mi valor?
PARA RECORDAR: No necesitas hacerte pequeña para ser humilde, ni demostrar constantemente tu valor para merecer reconocimiento. Aprende a mirarte con respeto, reconoce lo que eres y permite que tu propia voz también tenga un lugar en tu vida.
Reconocer tu luz no apaga la de nadie. No tengas miedo de ocupar tu lugar.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo