Escucharte no significa que siempre puedas darte todo lo que necesitas, pero sí que puedes dejar de ignorar lo que te está pasando.
A veces el verdadero cambio no empieza haciendo algo nuevo…
Sino dejando de olvidarnos de nosotras mismas.
No siempre estamos cansadas porque hacemos demasiado; a veces estamos cansadas porque llevamos demasiado tiempo sin preguntarnos qué necesitamos.
Hay días en los que parece que nunca terminamos. Atendemos responsabilidades, respondemos mensajes, resolvemos problemas, cuidamos de otras personas y vamos tachando tareas de una lista que siempre encuentra la manera de crecer. Y cuando por fin tenemos un momento libre, muchas veces lo utilizamos para adelantar algo pendiente.
¿Te has preguntado alguna vez qué necesitas tú en medio de todo eso?
Quizá necesitas descansar, pero te convences de que todavía puedes aguantar un poco más. Tal vez necesitas compañía, pero no quieres molestar. Puede que necesites estar sola, decir que no, pedir ayuda o simplemente pasar un rato sin tener que atender a nadie.
A menudo sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer, pero nos cuesta reconocer lo que necesitamos.
Y no es extraño. Nos acostumbramos tanto a responder a las demandas externas que podemos terminar dejando nuestras propias señales en un segundo plano.
Escucharte es empezar a incluirte en tu propia vida.
Cuando hablamos de necesidades, no nos referimos únicamente a dormir, comer o descansar. También necesitamos sentirnos seguras, mantener vínculos afectivos, disponer de autonomía, expresar lo que sentimos, tener momentos de tranquilidad y encontrar espacios en los que podamos ser nosotras mismas.
Algunas necesidades son físicas; otras, emocionales, sociales o mentales. Y aunque podemos compartir muchas de ellas, la forma en que se manifiestan y el momento en que aparecen son diferentes para cada persona.
Por ejemplo, después de una jornada intensa, una mujer puede necesitar silencio y soledad para recuperarse, mientras que otra puede encontrar alivio hablando con alguien de confianza.
Ninguna de las dos respuestas es mejor. Lo importante es reconocer qué te viene bien a ti en ese momento.
También conviene recordar que una necesidad no siempre puede satisfacerse de inmediato. A veces hay responsabilidades, circunstancias familiares o limitaciones que debemos tener en cuenta. Pero reconocerla ya es un primer paso: nos permite dejar de tratarla como si no existiera y buscar una manera posible de atenderla.
No todas nuestras necesidades llegan en forma de pensamientos claros. En ocasiones, el cuerpo nos ofrece señales antes de que sepamos ponerles nombre.
El hambre, la sed, el sueño, la tensión muscular, la sensación de agotamiento o la inquietud pueden ayudarnos a identificar qué está ocurriendo.
Aquí interviene la interocepción, la capacidad de percibir e interpretar señales que proceden del interior del organismo. Gracias a ella podemos tomar conciencia de sensaciones como los latidos del corazón, la respiración, la temperatura, las molestias digestivas o las señales relacionadas con el hambre y la saciedad. Pero escuchar el cuerpo no significa interpretar cada sensación como un mensaje inequívoco. El cansancio, por ejemplo, puede estar relacionado con la falta de sueño, el esfuerzo físico, el estrés, una alimentación insuficiente o diferentes circunstancias de salud… Por eso, observar nuestras señales con curiosidad y sin sacar conclusiones precipitadas puede ayudarnos a comprender mejor lo que nos ocurre.
También las emociones aportan información. La frustración puede invitarnos a revisar una situación que nos sobrepasa; la tristeza puede hacernos necesitar compañía o recogimiento; la irritabilidad puede aparecer cuando llevamos demasiado tiempo sin descanso.
No son instrucciones que debamos obedecer automáticamente, pero sí experiencias que merece la pena escuchar.
A veces sabemos lo que necesitamos, pero nos cuesta actuar en consecuencia… Decimos que sí cuando queremos decir que no. Aceptamos más responsabilidades de las que podemos asumir. Posponemos una cita, un descanso o un momento personal porque siempre parece haber algo más urgente.
En ocasiones, detrás de esa dificultad hay miedo a decepcionar, a generar conflictos o a que otras personas interpreten nuestros límites como falta de interés. Sin embargo, establecer límites no significa dejar de cuidar a los demás. Significa reconocer que nuestra energía, nuestro tiempo y nuestra disponibilidad también tienen un límite.
Puedes querer a alguien y necesitar espacio. Puedes ser responsable y pedir ayuda. Puedes comprometerte con algo y reconocer que, en este momento, no puedes asumir más.
Atender tus necesidades no te convierte en una persona egoísta. Te recuerda que tú también formas parte de las relaciones y de las responsabilidades que sostienes.
¿Sabías que la interocepción es una de las capacidades que nos permiten percibir las señales internas del organismo?
El cerebro integra esa información con recuerdos, emociones y el contexto en el que nos encontramos para construir nuestra experiencia corporal.
Por eso, aprender a prestar atención a las sensaciones internas puede ayudarnos a reconocer mejor cómo estamos, aunque no siempre resulte sencillo interpretarlas.
Una pausa para preguntarte qué necesitas.
No siempre es fácil responder a esta pregunta. A veces llevamos tanto tiempo funcionando por inercia que, cuando alguien nos pregunta qué nos vendría bien, no sabemos qué decir. Por eso, vamos a hacer una pequeña pausa. No necesitas encontrar grandes respuestas ni tomar decisiones inmediatas. Solo dedicarte unos minutos de atención.
Ejercicio · ¿Qué necesito hoy?
Busca un lugar tranquilo y deja a un lado, por unos instantes, lo que tienes pendiente.
1. Observa cómo estás / Sin juzgarte, pregúntate:
- ¿Cómo me siento físicamente?
- ¿Qué emociones están presentes?
- ¿Tengo energía o noto que necesito parar?
- ¿Hay algo que llevo tiempo posponiendo?
2. Pon nombre a lo que necesitas / Completa estas frases:
- Mi cuerpo quizá necesita…
- Emocionalmente me vendría bien…
- Hoy agradecería…
- Hay algo que necesito pedir o expresar…
3. Busca un gesto posible / No hace falta resolverlo todo hoy. Elige una acción pequeña y realista que pueda acercarte a lo que necesitas.
- Quizá sea descansar unos minutos,
- Preparar una comida con calma,
- Salir a caminar,
- Pedir ayuda,
- Cancelar un compromiso que puedes aplazar
- O reservar un rato para estar contigo.
Y si hoy no puedes atender esa necesidad, piensa qué pequeño paso podrías dar para acercarte a ella.
4. Escucha sin exigirte / No conviertas tus respuestas en otra lista de tareas.
- Este ejercicio no consiste en hacerlo todo mejor, sino en reconocer que tus necesidades también merecen atención.
Cómo llevar esta escucha a la vida cotidiana:
Aprender a escucharte no tiene por qué convertirse en una rutina complicada. Puedes empezar incorporando pequeñas preguntas a momentos que ya forman parte de tu día:
- Antes de aceptar un compromiso: ¿realmente puedo asumirlo?
- Al terminar una jornada: ¿necesito actividad, descanso o compañía?
- Cuando notes irritabilidad: ¿hay algo que me está sobrepasando?
- Antes de seguir trabajando: ¿estoy atendiendo mis necesidades básicas?
- Al organizar tu semana: ¿he reservado algún espacio para mí?
No siempre podrás elegir lo que ocurre a tu alrededor, pero puedes empezar a reconocer cómo te afecta y qué margen tienes para responder.
Y recuerda: tus necesidades cambian. Lo que hoy te ayuda quizá no sea lo que necesites mañana. Escucharte también significa permitirte cambiar de opinión y revisar tus prioridades.
Un momento para reflexionar
- ¿Me resulta fácil reconocer lo que necesito?
- ¿Suelo dejar mis necesidades para cuando todo lo demás está resuelto?
- ¿Qué me cuesta más: pedir ayuda, descansar, decir que no o reservar tiempo para mí?
- ¿Hay alguna necesidad que llevo demasiado tiempo ignorando?
- ¿Qué pequeño gesto puedo ofrecerme esta semana?
PARA RECORDAR: No necesitas esperar a estar agotada para darte permiso para parar. Tampoco tienes que justificar cada momento que dedicas a tu bienestar.
Atenderte no es un capricho. También formas parte de tus prioridades.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo