Aprender a descubrir la belleza de lo cotidiano, disfrutar del presente y encontrar pequeños momentos extraordinarios en los días más sencillos.
¿Y si no necesitáramos cambiar de escenario para disfrutar de la vida?
Aprende a encontrar la belleza de los pequeños momentos, disfrutar del presente y descubrir que lo extraordinario también puede esconderse en los días más sencillos.
¿Cuántas veces has pensado que necesitas unas vacaciones para desconectar, un viaje para vivir algo diferente o un acontecimiento especial para sentir que estás disfrutando de la vida?
Esperamos con ilusión el fin de semana, contamos los días que faltan para las vacaciones y organizamos planes para salir de la rutina. Y, mientras tanto, los días pasan entre desayunos apresurados, tareas pendientes, conversaciones a medias y actividades que realizamos casi sin pensar… Pero ¿qué ocurre con todo lo que sucede mientras esperamos ese momento especial?
La luz que entra por la ventana, el primer café de la mañana, una conversación agradable, el olor de la comida recién hecha o la tranquilidad de un paseo sin prisas… A veces, lo extraordinario se esconde precisamente en aquello que hacemos todos los días.
No se trata de renunciar a los viajes, los proyectos o las experiencias nuevas. Se trata de no dejar nuestra capacidad de disfrutar en manos de acontecimientos que todavía no han llegado.
Quizá no necesitamos cambiar constantemente de escenario…
Quizá necesitamos aprender a mirar de otra manera el lugar en el que estamos.
Nuestra atención está continuamente seleccionando información. De todos los estímulos que recibimos, no somos conscientes de todos con la misma intensidad.
Aquello que resulta nuevo, diferente o especialmente relevante suele captar nuestra atención con facilidad. Sin embargo, los estímulos familiares pueden pasar más desapercibidos cuando forman parte de nuestra rutina… Por eso, después de repetir muchas veces una misma actividad, podemos dejar de reparar en pequeños detalles que antes nos llamaban la atención.
Conocemos el camino al trabajo, desayunamos en el mismo lugar, recorremos las mismas calles y realizamos tareas que ya no necesitan toda nuestra atención consciente. Y esta capacidad de automatizar actividades es útil, permite que nuestro cerebro gestione muchas acciones sin tener que dedicarles un esfuerzo consciente constante. El problema aparece cuando vivimos tantas cosas en automático que apenas nos detenemos a experimentar lo que estamos haciendo.
No necesitamos convertir cada instante en algo extraordinario.
Podemos empezar por recuperar la curiosidad por aquello que ya forma parte de nuestra vida.
Piensa por un momento en una actividad que realizas todos los días… Quizá preparar el desayuno, ducharte, caminar hasta una tienda o sentarte a descansar al final de la jornada. ¿Recuerdas la última vez que disfrutaste de una de esas actividades sin estar pensando en lo siguiente que tenías que hacer?
A menudo asociamos el disfrute con grandes acontecimientos: un viaje, una celebración, una comida especial o una experiencia diferente.
Sin embargo, también podemos encontrar satisfacción en actividades sencillas y familiares… Una conversación sin mirar el teléfono, cocinar algo que nos gusta, cuidar las plantas, escuchar una canción o disfrutar de unos minutos de tranquilidad pueden convertirse en pequeños momentos de bienestar.
La diferencia no siempre está en lo que hacemos, sino en la atención que prestamos mientras lo hacemos.
Disfrutar de lo cotidiano no significa conformarnos con una vida sin novedades. Significa reconocer que nuestra vida no empieza cuando llegan las vacaciones ni termina cuando volvemos a la rutina.
También sucede hoy.
Nuestro cerebro recibe continuamente información a través de los sentidos: imágenes, sonidos, olores, sabores y sensaciones corporales. Pero no podemos prestar atención consciente a todos esos estímulos al mismo tiempo.
La atención actúa como un filtro que nos ayuda a seleccionar aquello en lo que nos concentramos en cada momento.
Cuando realizamos una actividad de manera automática, podemos pasar por alto muchos detalles. Sin embargo, si decidimos dirigir nuestra atención hacia ellos, nuestra experiencia puede cambiar.
Imagina que estás tomando un café… Puedes beberlo mientras revisas mensajes, piensas en las tareas pendientes y organizas mentalmente el resto del día. O puedes detenerte unos instantes y observar su aroma, la temperatura de la taza entre tus manos, su sabor y las sensaciones que aparecen mientras lo disfrutas… La actividad es la misma. Lo que cambia es la manera en que estás presente en ella.
Esta es una de las bases del mindfulness cotidiano: aprender a llevar nuestra atención, de manera intencionada, hacia la experiencia que estamos viviendo.
No necesitamos estar meditando durante horas para practicar la atención plena. Podemos incorporarla a pequeños momentos de nuestra vida.
La gratitud puede ayudarnos a reconocer y valorar aspectos positivos de nuestra vida que a veces damos por sentados.
Agradecer una conversación, una oportunidad, un momento de tranquilidad o el apoyo de alguien puede ayudarnos a dirigir la atención hacia experiencias que nos hacen bien… Pero hay algo importante que conviene recordar, practicar la gratitud no significa negar las dificultades ni obligarnos a sentirnos bien cuando estamos atravesando un momento complicado.
- Puedes agradecer lo que tienes y, al mismo tiempo, reconocer que hay cosas que deseas cambiar.
- Puedes valorar tu vida y sentir tristeza por algo que has perdido.
- Puedes disfrutar de un momento agradable sin tener que justificar que otros aspectos de tu vida no sean perfectos.
La gratitud no debería convertirse en otra exigencia en el día a día, ni en una manera de minimizar lo que sentimos.
Se trata de ampliar nuestra mirada para que las dificultades no ocupen todo el espacio y podamos reconocer también aquello que nos aporta bienestar.
Vivimos rodeadas de estímulos, notificaciones, tareas y compromisos. Incluso nuestros momentos de descanso pueden terminar llenos de actividades.
A veces convertimos el tiempo libre en otra lista de cosas que tenemos que aprovechar… Queremos visitar lugares, hacer planes, aprender algo nuevo y organizar cada día para que resulte productivo. Pero descansar y disfrutar también implica permitirnos hacer algo sin buscar un resultado concreto.
Caminar sin contar los pasos, cocinar sin mirar constantemente el reloj, leer unas páginas por placer o sentarnos a observar el entorno son pequeñas oportunidades para salir del ritmo automático.
No se trata de eliminar las responsabilidades ni de vivir sin organización. Se trata de dejar espacio para experiencias que no necesitan convertirse en objetivos.
El descanso no tiene que justificarse por todo lo que hemos hecho antes. Y el disfrute no necesita producir nada para tener valor.
¿Sabías que tu cerebro no presta atención a todo lo que ocurre a tu alrededor?
Recibe mucha más información de la que puedes procesar conscientemente. Por eso, cuando diriges intencionadamente tu atención hacia un sonido, un aroma o una sensación, puedes descubrir detalles que antes pasaban desapercibidos.
Practicar la atención plena es, en parte, aprender a elegir dónde colocas tu atención.
Un ejercicio para descubrir lo extraordinario en lo cotidiano
Vamos a realizar una pequeña práctica de atención sensorial.
Busca un momento de tranquilidad y elige un lugar en el que te encuentres cómoda. Puede ser tu terraza, una ventana, un jardín, una cafetería o incluso tu propia cocina… Durante unos minutos, deja a un lado las tareas pendientes y observa lo que sucede a tu alrededor.
- Paso 1. Mira con curiosidad: Detente en un detalle que normalmente pasaría desapercibido: la luz sobre una pared, una planta, los colores de un objeto o el movimiento de las hojas… ¿Qué puedes descubrir si observas sin prisas?
- Paso 2. Escucha tu entorno: Presta atención a los sonidos que te rodean. Quizá escuches pájaros, el viento, voces lejanas, el agua o simplemente el silencio entre unos sonidos y otros… No necesitas identificarlos todos. Solo escucharlos.
- Paso 3. Reconoce los aromas y sabores: Si estás tomando algo o comiendo, dedica unos instantes a percibir su aroma, su textura y su sabor… Intenta disfrutar de esa experiencia sin hacer otra cosa al mismo tiempo.
- Paso 4. Conecta con las sensaciones: Observa la temperatura del ambiente, el contacto de tus pies con el suelo, la sensación del aire sobre la piel o el apoyo de tu cuerpo en la silla… Permítete estar presente.
- Paso 5. Guarda un pequeño recuerdo: Pregúntate: ¿qué pequeño detalle de este momento me gustaría recordar?… Puedes escribirlo en una libreta o simplemente conservarlo en tu memoria.
No has tenido que viajar, comprar nada ni organizar un plan especial. Solamente has dedicado unos minutos a descubrir algo que ya estaba ahí.
Cómo incorporar pequeños momentos de disfrute a tu día
No necesitas transformar tu rutina para empezar a vivirla con más atención… Puedes probar con pequeños gestos:
- Desayuna sin prisas cuando puedas: dedica unos minutos a disfrutar de los sabores y aromas.
- Cambia tu manera de caminar: observa el entorno, los colores, los sonidos y las sensaciones de tus pasos.
- Haz una actividad por puro placer: lee, cocina, dibuja, escucha música o cuida tus plantas sin buscar un resultado.
- Regálate momentos sin pantallas: permite que tu atención descanse de tantos estímulos.
- Comparte tiempo de calidad: disfruta de una conversación sin estar pendiente de otras cosas.
- Reconoce algo agradable cada día: no tiene que ser importante para nadie más. Basta con que haya significado algo para ti.
No conviertas estas propuestas en otra obligación. No necesitas completar una lista de momentos agradables para sentir que has aprovechado el día… La intención es justamente la contraria, dejar de medir cada experiencia y permitirte disfrutarla.
Un momento para reflexionar
- ¿Suelo esperar a las vacaciones o a los fines de semana para permitirme disfrutar?
- ¿Qué actividades cotidianas realizo en automático?
- ¿Qué pequeños momentos de mi día me aportan bienestar?
- ¿Me permito descansar o disfrutar sin sentir que debería estar haciendo algo más?
- ¿Qué detalle sencillo de mi vida quiero empezar a valorar más?
PARA RECORDAR: No necesitas una vida extraordinaria para disfrutar de tu vida. A veces, basta con detenerte, mirar con curiosidad y descubrir todo lo que ya estaba ahí.
No esperes a que llegue un día especial para disfrutar de tu vida. Quizá hoy ya esté sucediendo algo que merece tu atención.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo