Ingredientes que se complementan en una receta llena de sabor.
Nutrirte también es comprender cómo trabajan juntos los alimentos
Un año para nutrirte mejor
Hay ingredientes que, cuando se combinan, parecen entenderse a la perfección. El salmón, el calabacín y las hierbas aromáticas forman una receta sencilla, sabrosa y llena de matices.
El salmón aporta proteínas, grasas omega-3 y vitamina D. El calabacín suma agua, fibra y micronutrientes, mientras que el queso crema aporta cremosidad y cantidades variables de proteínas, grasa y calcio, según el producto que elijamos. Pero esta receta también nos permite descubrir algo interesante: en nuestro organismo, los nutrientes no trabajan de manera aislada. Muchas funciones dependen de la colaboración entre diferentes sustancias.
¿Sabías que la vitamina D ayuda a nuestro cuerpo a absorber el calcio?
¿O que el calor transforma las proteínas del salmón y modifica su textura?
Este mes vamos a descubrir cómo los alimentos cambian al cocinarse y cómo algunos nutrientes participan conjuntamente en el funcionamiento de nuestro organismo.
Antes de empezar: no basta con comer calcio, también hay que poder absorberlo.
La vitamina D ayuda a tu cuerpo a absorber calcio.
Cuando pensamos en el calcio, solemos relacionarlo directamente con los huesos y los dientes. Y es cierto que es un mineral fundamental para mantenerlos en condiciones normales. Pero para que nuestro organismo pueda aprovecharlo, intervienen otros nutrientes, entre ellos la vitamina D… Esta vitamina favorece la absorción intestinal del calcio y participa también en la función muscular y en el mantenimiento de los huesos.
El salmón puede aportar vitamina D, aunque su cantidad depende de factores como la especie, el origen y la alimentación del pescado. Una vez que llega al organismo, la vitamina D interviene en la regulación del metabolismo del calcio y del fósforo. De esta manera, contribuye a que estos minerales estén disponibles para las funciones que los necesitan.
Esto nos recuerda que alimentarnos bien no consiste únicamente en incorporar nutrientes por separado. También importa comprender cómo se relacionan entre sí.
A veces, un nutriente necesita la colaboración de otro para cumplir correctamente su función.
Cinco curiosidades para comprender mejor lo que comes
El salmón aporta vitamina D. Esta vitamina favorece la absorción intestinal del calcio y participa en el mantenimiento de los huesos y la función muscular.
La vitamina D es una sustancia peculiar porque nuestro organismo puede producirla en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B del sol. También podemos obtenerla a través de algunos alimentos.
Entre las fuentes alimentarias encontramos pescados grasos como el salmón, además de otros alimentos como la yema de huevo y determinados productos enriquecidos.
Una vez que llega al organismo, la vitamina D necesita pasar por diferentes procesos de transformación para convertirse en su forma activa.
Su función más conocida está relacionada con el calcio: ayuda a absorberlo en el intestino y contribuye a mantener unos niveles adecuados de este mineral en la sangre.
Pero su papel no termina ahí. También participa en el funcionamiento normal de los músculos y en el mantenimiento de los huesos.
Por eso, el salmón resulta interesante desde el punto de vista nutricional: además de aportar proteínas y omega-3, puede contribuir a nuestra ingesta de vitamina D.
Los nutrientes no actúan de forma aislada. Comprender sus relaciones nos ayuda a mirar la alimentación con más perspectiva.
Al cocinar el salmón, el calor modifica la estructura de sus proteínas. Por eso cambia su textura y pasa de ser translúcido y firme a presentar una carne más opaca que se separa fácilmente en lascas.
Las proteínas están formadas por cadenas de aminoácidos que adoptan una estructura determinada. El calor modifica esa organización mediante un proceso llamado desnaturalización.
Cuando cocinamos el salmón, sus proteínas cambian de forma y se reorganizan. Esto modifica la textura, el aspecto y la consistencia de su carne.
Por eso, el pescado crudo tiene una apariencia más translúcida y una textura diferente a la que presenta después de cocinarse.
A medida que aumenta la temperatura, las proteínas se transforman y la carne adquiere ese aspecto más opaco y se separa en pequeñas lascas.
Este proceso no es exclusivo del pescado. También ocurre cuando cocinamos huevos, carne o legumbres, aunque cada alimento presenta características propias.
La cocina es, en realidad, una pequeña transformación de los alimentos: el calor modifica sus estructuras y cambia la forma en la que los percibimos y disfrutamos.
Cocinar no solo cambia el sabor. También transforma la estructura de los alimentos.
El calabacín aporta agua y fibra. Su elevado contenido de agua y su fibra contribuyen al funcionamiento normal del tránsito intestinal.
El calabacín es una hortaliza especialmente interesante para preparar platos ligeros y versátiles. Una de sus características principales es su elevado contenido de agua. Esto contribuye a la hidratación que obtenemos a través de los alimentos y lo convierte en un ingrediente fresco y fácil de combinar. También contiene fibra, aunque su cantidad depende de la variedad y de cómo lo preparemos.
La fibra alimentaria no se digiere completamente en el intestino delgado. Parte de ella llega al intestino grueso, donde puede contribuir al funcionamiento intestinal y, en determinados casos, servir de sustrato para algunas bacterias de la microbiota.
Además, el calabacín aporta pequeñas cantidades de vitaminas y minerales.
Podemos consumirlo crudo, salteado, al horno, en cremas o utilizarlo como base para rellenar, como hacemos en esta receta.
Si lo cocinamos sin deshacerlo demasiado, conserva una textura agradable y nos permite disfrutar de diferentes preparaciones.
A veces, los alimentos más sencillos son también los más versátiles.
El eneldo y el cebollino aportan compuestos aromáticos muy delicados. Añadirlos al final de la preparación ayuda a conservar mejor sus aromas y a dar frescura al plato.
Las hierbas aromáticas no están en nuestras recetas únicamente para decorar. Su aroma y sabor proceden de diferentes compuestos naturales que les dan personalidad.
El eneldo tiene un perfume suave y ligeramente anisado, mientras que el cebollino recuerda al sabor delicado de la cebolla.
Estos aromas pueden cambiar cuando las hierbas se someten a temperaturas elevadas durante mucho tiempo. Parte de sus compuestos volátiles se pierde con el calor, haciendo que su perfume sea menos intenso. Por eso, cuando queremos disfrutar de su frescura, suele ser buena idea incorporarlas al final de la preparación o justo antes de servir.
También podemos utilizarlas en aliños, salsas y preparaciones frías.
No necesitamos grandes cantidades. Una pequeña porción de hierbas frescas puede aportar personalidad a un plato y ayudarnos a disfrutar de los alimentos con menos necesidad de recurrir a sabores demasiado intensos.
Los pequeños detalles también forman parte de una cocina consciente.
El salmón contiene proteínas y grasas que contribuyen a su textura característica. Una cocción suave ayuda a mantenerlo jugoso y evita que se reseque en exceso.
El salmón tiene una composición particular: aporta proteínas de buena calidad y una cantidad apreciable de grasa, entre la que encontramos los omega-3 EPA y DHA.
Durante la cocción, el calor modifica las proteínas y también influye en la humedad y la textura del pescado. Si lo sometemos a temperaturas demasiado elevadas o lo cocinamos durante más tiempo del necesario, puede perder jugosidad y quedar seco. Por eso, una cocción controlada ayuda a conservar una textura más agradable.
En esta receta utilizamos salmón previamente cocinado y lo mezclamos con queso crema, hierbas y un poco de pulpa de calabacín. Después, el relleno vuelve al horno dentro de los calabacines para calentarse e integrarse con el resto de ingredientes.
La clave está en evitar un exceso de cocción y asegurarnos de que el relleno queda bien caliente.
Cuidar la forma de cocinar también es una manera de disfrutar mejor de los alimentos y aprovechar sus cualidades.
No siempre necesitamos más ingredientes. A veces, lo que marca la diferencia es respetar el alimento y su forma de cocinarse.
Cuando los alimentos trabajan en equipo
Esta receta nos permite observar cómo se complementan ingredientes con características diferentes.
- El salmón aporta proteínas, necesarias para construir y renovar tejidos, y grasas omega-3 EPA y DHA, que cumplen funciones importantes en el organismo. También puede contribuir a la ingesta de vitamina D.
- El calabacín aporta agua, fibra y diferentes micronutrientes. Su textura suave permite combinarlo con otros ingredientes y utilizarlo como base de muchas preparaciones.
- El queso crema aporta cremosidad y puede sumar proteínas y calcio, aunque su composición varía según la marca y el tipo de producto.
- El eneldo, el cebollino y el limón completan la receta con aromas y matices frescos que enriquecen el sabor.
Y aquí aparece una idea importante:
El calcio y la vitamina D son un ejemplo de cómo dos nutrientes pueden participar conjuntamente en una función del organismo. La vitamina D favorece la absorción intestinal del calcio, mientras que este mineral es necesario para mantener los huesos y los dientes, entre otras funciones.
No se trata de que un alimento lo tenga todo, sino de construir una alimentación variada en la que diferentes ingredientes aporten lo que nuestro cuerpo necesita.
Tips para aprovechar mejor los alimentos
Pequeños detalles en la cocina pueden ayudarnos a disfrutar más de los ingredientes y a conservar mejor sus características.
- No cocines demasiado el salmón. Utiliza una temperatura y un tiempo adecuados para que quede jugoso, pero asegúrate de que alcanza una cocción segura.
- Añade las hierbas al final. El eneldo y el cebollino conservan mejor su aroma delicado cuando no se someten a una cocción prolongada.
- Aprovecha la pulpa del calabacín. Puedes incorporarla al relleno para evitar desperdicios y añadir textura a la preparación.
- Combina alimentos que aporten diferentes nutrientes. El salmón, el calabacín y el queso crema ofrecen características distintas que se complementan dentro del plato.
- Cuida la conservación del pescado. Mantén el salmón refrigerado y evita dejarlo a temperatura ambiente durante periodos prolongados. Si lo has cocinado con antelación, consérvalo en frío hasta preparar la receta.
- Elige hierbas frescas cuando puedas. Su aroma puede transformar una receta sencilla sin necesidad de añadir muchos ingredientes.
- Varía las formas de cocinar el calabacín. Al horno, salteado, en láminas o relleno: cambiar la preparación también ayuda a disfrutar de este alimento de diferentes maneras.
Una pequeña práctica de alimentación consciente
Esta semana, te propongo que prepares una receta prestando atención a cómo cambian los alimentos durante la cocción… Puedes hacerlo con estos mismos calabacines rellenos o con cualquier otra preparación que te apetezca.
Antes de cocinar, observa el color, la textura y el aroma de los ingredientes. Después, fíjate en cómo se transforman con el calor. Cuando añadas las hierbas aromáticas, detente un momento y disfruta de su olor… Y cuando te sientes a comer, intenta hacerlo sin prisas. Pregúntate:
- ¿Qué aroma percibo primero?
- ¿Qué textura tiene cada ingrediente?
- ¿Qué ha cambiado en los alimentos después de cocinarlos?
- ¿Qué pequeño detalle ha hecho que disfrute más de esta receta?
No se trata de cocinar de una forma perfecta, sino de recuperar la curiosidad por lo que hacemos cada día.
Sigue aprendiendo a nutrirte mejor
Nutrirte también es comprender cómo trabajan juntos los alimentos
Alimentarnos bien no consiste únicamente en elegir ingredientes saludables. También implica comprender qué nos aportan, cómo se transforman al cocinarlos y de qué manera participan en las funciones de nuestro organismo.
El salmón, el calabacín y las hierbas aromáticas nos muestran que una receta sencilla puede reunir proteínas, grasas, fibra, vitaminas, minerales y compuestos vegetales.
Y nos recuerdan que muchos nutrientes necesitan trabajar en equipo.
Cuando comprendemos estas relaciones, dejamos de mirar los alimentos como elementos aislados y empezamos a entender la alimentación como un conjunto.
Esta entrada forma parte de «Alimenta tu Cuerpo · Un año para nutrirte mejor», una agenda que te invita a descubrir cada semana algo nuevo sobre los alimentos y su relación con tu organismo.
Cada alimento tiene algo que aportar. Aprender a combinarlos es otra forma de cuidarte.
Tu cuerpo no necesita que comas perfecto. Necesita que aprendas a escucharlo, comprenderlo y nutrirlo.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo