Una propuesta sencilla y fresca para disfrutar de la cocina de verano.
Disfrutar del verano también es aprender a nutrirte
Un año para nutrirte mejor
Con la llegada del verano, muchas veces nos apetece cambiar la forma de comer. Los días son más largos, las temperaturas suben y no siempre tenemos ganas de pasar demasiado tiempo en la cocina. Buscamos platos frescos, sencillos y que podamos adaptar a nuestros horarios. Y eso también forma parte de una alimentación consciente: aprender a escuchar nuestras necesidades y encontrar preparaciones que encajen con nuestro día a día.
Estos rollitos de lechuga con pollo especiado y salsa de yogur son un buen ejemplo. Reúnen proteínas, grasas insaturadas, agua, fibra y diferentes micronutrientes en una receta fácil de preparar y disfrutar.
El pollo aporta proteínas; el aguacate suma grasas principalmente monoinsaturadas; la lechuga aporta agua, fibra y folato; y el yogur puede contribuir con proteínas y calcio, dependiendo de su composición.
Pero este mes vamos un poquito más allá de los ingredientes. Vamos a descubrir cómo las especias transforman el sabor, qué ocurre durante la fermentación del yogur, qué aporta la lechuga y por qué debemos prestar especial atención a la seguridad alimentaria cuando suben las temperaturas. Porque cuidarte también consiste en adaptar tus hábitos a cada estación.
Antes de empezar: tu microbiota también se alimenta de lo que comes.
Tu microbiota puede alimentarse de parte de la fibra que comes.
En nuestro intestino viven millones de microorganismos que forman parte de la microbiota intestinal. No todos realizan las mismas funciones y su composición puede variar de una persona a otra… Una de las cosas más interesantes es que algunos de estos microorganismos utilizan determinados tipos de fibra que nuestro organismo no puede digerir por completo.
Parte de esa fibra llega al colon, donde las bacterias intestinales pueden fermentarla y producir sustancias conocidas como ácidos grasos de cadena corta.
Entre ellos encontramos el acetato, el propionato y el butirato. Este último, por ejemplo, constituye una fuente de energía importante para las células que recubren el colon. Por eso, cuando incorporamos diferentes alimentos vegetales a nuestra alimentación, no solo estamos aportando fibra para nuestro tránsito intestinal: también ofrecemos distintos sustratos que pueden utilizar los microorganismos que viven en nuestro intestino.
La variedad importa. No todos los vegetales contienen el mismo tipo ni la misma cantidad de fibra.
Y aquí aparece una idea sencilla, pero muy interesante: cuidar nuestra alimentación también significa prestar atención a lo que comen los microorganismos que conviven con nosotros.
Tu plato no alimenta únicamente a tu organismo. Parte de lo que comes también puede nutrir a tu microbiota.
Cinco curiosidades para comprender mejor lo que comes
El comino y el pimentón contienen compuestos aromáticos que aportan matices muy diferentes. Combinarlos permite transformar ingredientes sencillos en platos llenos de sabor.
Las especias llevan siglos formando parte de las cocinas tradicionales. Además de aportar color y aroma, nos permiten crear combinaciones muy diferentes utilizando ingredientes cotidianos.
El comino tiene un aroma intenso, cálido y ligeramente terroso. El pimentón, elaborado a partir de pimientos secos y molidos, aporta notas dulces, ahumadas o más intensas, dependiendo de la variedad.
Estas características proceden de diferentes compuestos presentes en cada especia. Son sustancias que percibimos a través del olfato y del gusto y que ayudan a construir la personalidad de una receta.
Pero hay otro detalle interesante: las especias también pueden ayudarnos a reducir la necesidad de recurrir a grandes cantidades de sal para conseguir platos sabrosos, aunque esto dependerá de nuestros gustos y de la preparación.
En estos rollitos, el comino, el pimentón y el ajo en polvo transforman el pollo en un relleno lleno de matices.
No necesitamos ingredientes complicados para disfrutar de una cocina variada. A veces, basta con aprender a combinar mejor los que ya tenemos.
Una alimentación saludable también puede ser sabrosa, aromática y divertida.
El yogur aporta proteínas y, según su elaboración, microorganismos vivos. Algunos yogures contienen cultivos bacterianos que transforman parte de la lactosa durante la fermentación.
El yogur se obtiene mediante la fermentación de la leche por determinados microorganismos, principalmente bacterias lácticas… Durante este proceso, las bacterias utilizan parte de la lactosa, el azúcar naturalmente presente en la leche, y producen ácido láctico.
Este cambio modifica las características de la leche: aumenta su acidez, contribuye a su textura cremosa y desarrolla ese sabor ligeramente ácido tan característico del yogur. Además, el yogur aporta proteínas y puede proporcionar calcio, aunque las cantidades dependen del tipo de producto.
Los cultivos utilizados en su elaboración son los responsables de la fermentación. Algunos microorganismos pueden permanecer vivos en el producto final, siempre que el proceso y la conservación lo permitan.
¿Y qué ocurre con la lactosa?
Durante la fermentación se transforma una parte, por lo que algunos yogures pueden resultar mejor tolerados por determinadas personas con dificultades para digerirla. Sin embargo, esto no significa que todos los yogures estén libres de lactosa ni que todas las personas los toleren igual.
En nuestra receta, el yogur natural se convierte en una salsa fresca al combinarlo con limón y hierbas aromáticas. Una forma sencilla de aprovechar su textura y su sabor sin necesidad de preparar salsas más elaboradas.
Un alimento cotidiano puede esconder un proceso biológico fascinante.
Utilizar hojas de lechuga para envolver los alimentos es una forma sencilla de incorporar vegetales frescos a la comida. Su elevado contenido en agua aporta ligereza y una textura crujiente al conjunto.
La lechuga es una de las hortalizas más habituales en nuestra alimentación, especialmente durante los meses cálidos.
Su elevado contenido de agua hace que resulte fresca y crujiente, y sus hojas pueden utilizarse de muchas maneras más allá de la clásica ensalada… En esta receta las utilizamos como pequeños envoltorios para sustituir el pan o las tortillas tradicionales.
Esto nos permite construir una preparación diferente, en la que cada hoja aporta frescura y una textura que contrasta con el pollo especiado y la cremosidad de la salsa de yogur. Además, podemos variar el relleno según nuestros gustos: añadir otras verduras, cambiar las hierbas aromáticas o incorporar diferentes fuentes de proteínas.
No se trata de que una forma de comer sea siempre mejor que otra. Se trata de descubrir alternativas que nos permitan disfrutar de más variedad y adaptar nuestras comidas a cada momento.
En verano, cuando apetecen preparaciones frescas y sencillas, este tipo de presentación puede convertirse en un recurso muy práctico.
Cambiar la forma de presentar los alimentos también puede ayudarnos a descubrir nuevas maneras de disfrutarlos.
La lechuga contiene agua, fibra y folato, aunque su composición varía según la variedad y la parte de la hoja.
A menudo pensamos en la lechuga como un alimento compuesto casi exclusivamente por agua. Y es cierto que su contenido de agua es elevado, pero también aporta otros nutrientes interesantes. Entre ellos encontramos el folato, una vitamina del grupo B que participa en la síntesis del ADN y en la formación normal de las células.
El folato es especialmente importante durante las etapas de crecimiento y renovación celular, y sus necesidades aumentan durante el embarazo.
La lechuga también aporta pequeñas cantidades de fibra, que contribuye al funcionamiento normal del tránsito intestinal… Eso sí, no todas las lechugas tienen exactamente la misma composición. Las variedades de hoja más oscura pueden presentar cantidades diferentes de algunos micronutrientes respecto a las variedades más claras. Por eso, alternar distintos vegetales y variedades a lo largo de la semana es una forma sencilla de ampliar la diversidad nutricional de nuestra alimentación.
Podemos combinar lechuga romana, hoja de roble, escarola, rúcula, canónigos y otras hojas verdes para descubrir diferentes sabores, texturas y nutrientes.
La variedad vegetal no consiste en comer siempre más cantidad, sino también en descubrir alimentos diferentes.
Al picar la carne, los microorganismos que pudieran estar en su superficie pueden distribuirse por toda la mezcla. Por eso, el pollo picado debe cocinarse completamente antes de consumirlo.
Esta curiosidad tiene una parte muy práctica, especialmente importante durante los meses de calor.
Cuando una pieza de carne está entera, los microorganismos que puedan encontrarse suelen estar principalmente en su superficie. Sin embargo, al picarla, triturarla o manipularla, pueden distribuirse por el interior de toda la mezcla. Esto significa que el pollo picado necesita una cocción completa para reducir el riesgo de consumir microorganismos capaces de causar una intoxicación alimentaria. No debemos guiarnos únicamente por el color exterior o por el aspecto de la carne. Lo más seguro es comprobar que alcanza una temperatura interna adecuada. Como referencia, las recomendaciones de seguridad alimentaria utilizan 74 °C en el centro para las aves de corral.
Y en verano conviene recordar algo más: las altas temperaturas favorecen que los microorganismos se multipliquen con mayor rapidez si los alimentos permanecen fuera de refrigeración. Por eso, mantén el pollo refrigerado hasta el momento de cocinarlo, utiliza utensilios limpios y evita que los alimentos crudos entren en contacto con los ya preparados.
También es importante conservar la salsa de yogur en frío hasta servirla.
Cuidar la seguridad alimentaria no tiene por qué complicarnos la vida. Son pequeños hábitos que nos permiten disfrutar de la comida con tranquilidad.
Una receta saludable también necesita una preparación segura.
Cuando los alimentos trabajan en equipo
Estos rollitos reúnen ingredientes diferentes que se complementan tanto en sabor como en composición nutricional.
- El pollo aporta proteínas, formadas por aminoácidos que nuestro organismo utiliza para construir y renovar tejidos, fabricar enzimas y mantener diferentes funciones.
- El aguacate aporta grasas principalmente monoinsaturadas y fibra. También contribuye a la textura cremosa del conjunto y combina muy bien con los sabores especiados.
- La lechuga añade agua, fibra y folato, mientras que el yogur puede aportar proteínas y calcio, según su composición.
- El limón y las hierbas aromáticas completan la salsa con frescura y sabor.
- Y las especias nos permiten descubrir que no hace falta recurrir siempre a preparaciones complejas para conseguir platos interesantes.
Además, esta receta nos recuerda que la alimentación no depende de un único ingrediente. La combinación de diferentes alimentos permite construir platos variados y adaptables a nuestras necesidades.
Tips para aprovechar mejor los alimentos
Comer en verano: pequeños ajustes que pueden ayudarte
Cuando suben las temperaturas, nuestras rutinas pueden cambiar. Quizá comemos a horas diferentes, pasamos más tiempo fuera de casa o nos apetece cocinar menos… No necesitamos seguir una alimentación completamente distinta, pero sí podemos prestar atención a algunos aspectos que cobran especial importancia durante esta época.
- Presta atención a la hidratación. El agua sigue siendo la principal referencia. También obtenemos parte de ella a través de frutas, verduras, sopas y otras preparaciones.
- Aprovecha los alimentos frescos. Ensaladas, verduras, frutas y preparaciones sencillas pueden ayudarte a incorporar variedad vegetal sin pasar demasiado tiempo en la cocina.
- No te olvides de las proteínas. Pollo, pescado, huevos, legumbres y lácteos pueden formar parte de comidas frescas y fáciles de preparar.
- Adapta las cantidades a tu apetito. No todos los días tenemos las mismas necesidades ni las mismas ganas de comer. Escuchar las señales de hambre y saciedad puede ayudarte a ajustar tus comidas sin rigidez.
- Planifica alguna preparación con antelación. Tener pollo cocinado, verduras lavadas o una salsa preparada puede facilitarte la organización, siempre que conserves cada alimento correctamente.
- Cuida especialmente la conservación. Mantén los alimentos perecederos refrigerados y evita dejar preparaciones con pollo o yogur a temperatura ambiente durante periodos prolongados.
- Disfruta de los sabores. Las especias, las hierbas y los aliños sencillos permiten crear platos diferentes sin necesidad de complicar la receta.
El verano también puede ser una oportunidad para recuperar el placer de cocinar de forma sencilla.
Una pequeña práctica de alimentación consciente
Esta semana vamos a prestar atención a algo muy cotidiano: cómo cambia nuestra forma de comer cuando llega el calor.
Antes de preparar la comida, pregúntate qué te apetece realmente. ¿Algo fresco? ¿Una preparación templada? ¿Una comida que puedas dejar lista con antelación?… Después, cuando prepares estos rollitos, dedica unos minutos a observar los ingredientes.
- ¿Qué aroma desprenden las especias al mezclarse con el pollo?
- ¿Qué diferencia notas entre la textura crujiente de la lechuga y la cremosidad del yogur?
- ¿Qué sabores reconoces primero?
- ¿Qué sensación tienes al comer sin prisas?
- Y al terminar, piensa en algo sencillo: ¿qué pequeño cambio podría facilitarte la alimentación durante estos días de calor?
No necesitas transformar todos tus hábitos de golpe. A veces, una pequeña adaptación es suficiente para cuidarte mejor.
Sigue aprendiendo a nutrirte mejor
Disfrutar del verano también es aprender a nutrirte
La alimentación consciente no consiste en seguir unas normas rígidas durante todo el año. Consiste en comprender qué nos aportan los alimentos, reconocer nuestras necesidades y aprender a adaptar nuestras elecciones a cada momento.
En verano podemos encontrar nuevas formas de disfrutar de los vegetales, preparar comidas frescas, utilizar especias para dar más sabor y prestar atención a la hidratación y a la conservación de los alimentos. Y también podemos recordar que nuestra microbiota forma parte de este proceso: la variedad de alimentos vegetales aporta diferentes tipos de fibra que algunos microorganismos intestinales pueden utilizar.
Cada estación nos ofrece una oportunidad para observar, experimentar y descubrir nuevas maneras de cuidarnos.
Esta entrada forma parte de «Alimenta tu Cuerpo · Un año para nutrirte mejor», una agenda que te invita a descubrir cada semana algo nuevo sobre los alimentos y su relación con tu organismo.
Cuidarte no significa comer siempre igual. Significa aprender a elegir con conciencia, disfrutar y adaptarte a lo que necesitas.
Tu cuerpo no necesita que comas perfecto. Necesita que aprendas a escucharlo, comprenderlo y nutrirlo.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo