Descansar no significa que hayas dejado de avanzar… No tienes que ganarte el descanso. También lo necesitas para vivir.
Regalarte una pausa
No somos máquinas, somos personas que necesitamos descansar para vivir.
Llega el verano y, con él, esa sensación de que deberíamos aprovechar el tiempo al máximo. Hacer planes, viajar, quedar con amigos, conocer lugares nuevos, disfrutar de los días largos y vivir experiencias que después recordaremos.
Pero ¿y si este verano no necesitas hacer tantas cosas?
A veces, cuando por fin tenemos tiempo libre, nos cuesta simplemente parar. Llenamos los días de actividades, intentamos recuperar todo aquello que no hemos podido hacer durante el año y hasta sentimos cierta incomodidad cuando no tenemos ningún plan… Como si descansar fuera perder el tiempo.
Quizá llevas meses esperando unas vacaciones y, cuando llegan, descubres que sigues pensando en lo pendiente, organizando el día siguiente o buscando algo que hacer… Y entonces aparece una pregunta importante: ¿sabemos realmente descansar?
No siempre necesitamos unas vacaciones llenas de experiencias. A veces necesitamos dormir un poco más, pasear sin rumbo, disfrutar de una comida tranquila o permitirnos una tarde sin horarios ni expectativas.
Descansar también es hacer algo por ti, aunque desde fuera parezca que no estás haciendo nada.
Vivimos en una sociedad que suele relacionar el valor personal con la actividad, el rendimiento y la capacidad de estar siempre disponibles… Hacer, producir, resolver, avanzar… Parece que todo tiene que servir para algo.
Y sin darnos cuenta, podemos trasladar esa mentalidad incluso a nuestro tiempo libre. Queremos aprovechar las vacaciones, llenar los fines de semana y convertir cada momento de descanso en una experiencia que merezca la pena. Pero el descanso no necesita ser productivo.
Desde el punto de vista biológico, descansar es una parte fundamental del funcionamiento del organismo. Nuestro cuerpo necesita alternar periodos de actividad y recuperación para mantener diferentes procesos fisiológicos.
Durante el sueño, por ejemplo, se producen procesos relacionados con la regulación hormonal, la función inmunitaria, el metabolismo y la consolidación de la memoria. Pero la recuperación no ocurre únicamente mientras dormimos.
También necesitamos momentos de menor exigencia física y mental durante el día. Espacios en los que podamos reducir el ritmo, cambiar de actividad o simplemente dejar de responder constantemente a estímulos y demandas.
No todas las pausas tienen que ser iguales. A veces necesitamos dormir; otras, movernos suavemente, disfrutar del silencio, compartir tiempo con alguien o dejar de pensar durante un rato en nuestras responsabilidades.
El descanso no es lo contrario de avanzar.
Es una de las condiciones que nos permiten sostener nuestra actividad a lo largo del tiempo.
Nuestro sistema nervioso está preparado para adaptarse continuamente a las demandas del entorno.
Cuando necesitamos responder a una situación que requiere atención o esfuerzo, se activan mecanismos fisiológicos que nos ayudan a estar alerta y preparados para actuar. El sistema nervioso simpático participa en esta respuesta.
Pero nuestro organismo también dispone de mecanismos relacionados con la recuperación, la digestión y el mantenimiento de funciones básicas, en los que interviene el sistema nervioso parasimpático.
Ambas ramas forman parte del sistema nervioso autónomo y trabajan de manera coordinada. No se trata de que una sea buena y otra mala, ni de que debamos permanecer siempre relajados… Necesitamos activarnos cuando la situación lo requiere y disponer también de oportunidades para recuperarnos. El problema aparece cuando las demandas se acumulan y apenas dejamos espacio para la recuperación.
Podemos acostumbrarnos tanto a vivir con prisas que, incluso cuando tenemos tiempo libre, seguimos mentalmente ocupadas: repasamos lo que falta, anticipamos problemas o sentimos que deberíamos estar haciendo algo.
Por eso, una pausa no siempre consiste en sentarse unos minutos. También puede significar dejar de estar pendiente del teléfono, cambiar de escenario, reducir estímulos o permitir que nuestra atención descanse.
Quizá para ti descansar significa quedarte en casa leyendo, mientras que otra persona necesita salir a caminar, nadar o pasar tiempo con amigos… Hay quien recupera energía en silencio y quien encuentra bienestar compartiendo momentos con otras personas. También hay días en los que necesitamos dormir más y otros en los que nos viene bien una actividad suave que nos ayude a cambiar de ritmo.
No existe una única forma correcta de descansar.
Lo importante es aprender a distinguir entre aquello que realmente te ayuda a recuperarte y aquello que simplemente ocupa tu tiempo libre. Porque pasar horas delante de una pantalla, por ejemplo, puede entretenerte, pero no necesariamente proporcionarte el tipo de descanso que necesitas en ese momento.
Y salir de vacaciones tampoco garantiza que vayamos a recuperarnos si seguimos llenando cada día de obligaciones y expectativas.
A veces, el mejor plan es no tener ningún plan.
¿Sabías que el cerebro sigue trabajando durante el sueño?
Mientras dormimos, se producen procesos esenciales para la consolidación de determinados recuerdos, la regulación de distintas funciones fisiológicas y la recuperación del organismo.
Dormir no es desconectar el cerebro, es permitir que continúe realizando tareas fundamentales de una manera diferente.
Una pausa para no hacer nada
Este mes vamos a probar algo diferente: no vamos a proponernos mejorar ninguna habilidad, completar una tarea ni conseguir un resultado… Vamos a practicar el permiso de parar.
Ejercicio · Regálate un momento sin exigencias
Busca un momento del día en el que puedas disponer de unos minutos para ti. No necesitas preparar nada especial.
- 1. Deja espacio: Aparta el teléfono, olvida por un momento las tareas pendientes y busca un lugar donde puedas estar cómoda… Puede ser una terraza, un rincón de casa, un banco a la sombra o cualquier espacio en el que te apetezca estar.
- 2. No organices el momento: No necesitas leer, meditar, escuchar un pódcast ni aprovechar el tiempo para aprender algo… Simplemente permite que esos minutos transcurran sin un objetivo concreto.
- 3. Observa cómo te encuentras: Quizá notes tranquilidad. Tal vez aparezca inquietud, impaciencia o incluso cierta culpa por no estar haciendo nada… No necesitas cambiar lo que sientes. Date permiso para observarlo sin juzgarte.
- 4. Pregúntate qué tipo de descanso necesitas: ¿Necesitas dormir? ¿Reducir el ruido? ¿Dejar de tomar decisiones? ¿Pasar tiempo al aire libre? ¿Estar acompañada? ¿Tener un rato para ti?… No busques la respuesta perfecta. Solo escucha.
- 5. Permítete repetirlo: No conviertas esta práctica en otra obligación. Puedes volver a ella cuando lo necesites, aunque solo dispongas de unos minutos… Recuerda que no tienes que hacer nada especial para merecer una pausa.
Recuperar pequeños espacios en tu día:
El descanso no debería depender exclusivamente de las vacaciones o de los fines de semana. Podemos empezar a incorporarlo a nuestra vida cotidiana con pequeños gestos:
- Hacer una pausa entre tareas en lugar de pasar directamente de una a otra.
- Comer sin prisas y, cuando sea posible, sin pantallas.
- Reservar unos minutos para disfrutar del aire libre.
- Reducir el tiempo de exposición a estímulos cuando notemos saturación.
- Respetar nuestras horas de sueño y procurar mantener horarios que favorezcan el descanso.
- Alternar actividades exigentes con otras más tranquilas.
- Aprender a dejar algunas cosas para mañana.
Y algo especialmente importante:
No llenar todos los espacios libres. A veces necesitamos tiempo sin compromisos, sin expectativas y sin tener que responder a nadie… No es necesario aprovechar cada minuto. También podemos dejar que el tiempo simplemente pase.
Un momento para reflexionar
- ¿Me resulta fácil descansar sin sentir que estoy perdiendo el tiempo?
- ¿Suelo llenar mis momentos libres de actividades?
- ¿Qué hago cuando tengo tiempo para mí: descanso o busco algo que hacer?
- ¿Qué tipo de pausa necesito más en este momento?
- ¿Qué podría dejar de exigirme para vivir con un poco más de calma?
PARA RECORDAR: No necesitas esperar a las vacaciones para permitirte descansar. Tampoco tienes que llegar al límite de tus fuerzas para reconocer que necesitas parar.
Quizá este verano puedas regalarte algo diferente: menos planes por obligación, menos prisa por aprovecharlo todo y más momentos en los que no tengas que demostrar, resolver ni conseguir nada.
Porque tu vida no está hecha únicamente de lo que haces. También está hecha de los momentos en los que simplemente estás.
Paola Tasca
Escritora, naturópata y divulgadora de salud funcional.
Te ayudo a volver a escuchar tu cuerpo